La visión es un factor fundamental que influye sobre la postura. Los ojos nos proporcionan información que nos permite posicionarnos de una manera correcta, logrando el equilibrio adecuado para mantenernos en pie. La visión tiene que ver con identificar lo que estamos viendo y dónde lo llevamos. No tiene una localización específica en el cuerpo, sino que está integrada en todo el funcionamiento humano.
El objetivo del cuerpo es SIEMPRE buscar el paralelismo visual con el fin de conseguir la estabilidad corporal. Es decir, los ojos (el eje bipupilar) han de estar paralelos al plano del suelo para poder trabajar juntos y garantizar así el equilibrio. Si hay alteraciones del tono muscular del cuerpo, no puede asegurarse dicho paralelismo visual y el cuerpo intentará adaptarse inclinando la cabeza en la búsqueda del paralelismo con el fin de suprimir la diplopia (visión doble). Asimismo esto provocará adaptaciones en el resto del cuerpo, no sólo a nivel de la cabeza, afectando también a la posición de las piernas y pies.
Es por este motivo que la Postura-Movimiento es importante para la función visual y viceversa.
En casos en los que existe una disfunción visual que, inevitablemente, afectará a la postura, pueden aparecer los siguientes signos y síntomas:
En deportistas hay falta de rendimiento, calambres, sobrecargas, tendinitis, agotamiento glicógeno (porque trabajan las fibras musculares rápidas cuando debieran hacerlo las lentas), acidosis (porque las fibras rápidas tiene un alto gasto energético), falta de precisión, estrés postural, contracturas…
El movimiento inercial que utiliza el deportista para cualquier actuación falla. La torpeza es el signo fundamental.
Estos signos clínicos se acentúan al final de la jornada, dando lugar a cefalea frontal (dolores de cabeza), pesadez de cabeza, cervicalgias, tortícolis, dorsalgias, cérvico –braquialgia, neuralgia unilateral…
En niños se evidencia por la dificultad de memoria, concentración, atención y disminución neta del rendimiento escolar.
En adultos por miedo a salir, a los grandes espacios (Agorafobia), dificultad e inseguridad en la conducción nocturna…
Y síntomas generales como el picor de ojos, visión doble, visión borrosa y dolor aislado persistente.





Las primeras se deben a la fricción del nuevo zapato o sandalia contra la piel desnuda y pueden llegar a hacernos una herida. Las segundas tienen la misma etiología, pero en este caso, en vez de lacerar la piel, ésta se levanta acumulando líquido debajo y provocando la molestia.
En la mayoría de las personas, sufran o no de una sudoración excesiva, el hecho de llevar los pies al aire y la elevada temperatura, provocan una mayor
Los primeros no evitan la humedad, sólo desodorizan, mientras que los segundos taponan en cierto grado los poros por los que sale el sudor, controlando así la humedad. Hay que tener cuidado con estos productos, ya que utilizan sustancias como el aluminio para conseguir ese efecto secante y no se recomienda utilizarlo de modo continuo. En cualquier caso, es imprescindible leer las instrucciones del mismo y seguirlas al pie de la letra para evitar problemas añadidos.
Por último, y no por eso menos importante, hablaremos de la 
llamados así porque recuerdan al dolor provocado por la punta de un clavo en la piel. En tal caso, la solución consiste en acudir al podólogo para la extracción del callo o clavo, pero sin olvidar tratar también la verdadera causa de éste, ya que el problema se repetiría una y otra vez.